Sea, Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina

La SEA, Sociedad de escritores y escritoras de la Argentina

AUTORES

HUGO OSCAR SÁNCHEZ

HUGO OSCAR SÁNCHEZ desaparecida en la dictadura militar argentina

Hugo Oscar Sánchez nació el 2 de febrero de 1941, en Avellaneda. Su padre se llamaba René Sánchez; su madre, Juana Viyezca. Huérfano desde muy joven, demasiado temprano. Criado por su tía Dora Sánchez de Vieytes. Cursó el secundario en la nocturna del Güemes, en Bernal. Fue compañero de Néstor Sala, asesinado en Margarita Belén.

»Terminó el secundario, ejerció distintos oficios: empleado en una barraca lanera, vendedor de telas en la feria de Solano, vendedor ambulante, encuestador. Fue hincha de Boca, ladrón de libros, amante de mujeres que pertenecían a otros, y considero que el apodo de “Pájaro” le viene por la capacidad de sobrevivir con muy poco. Publicó un solo libro: Asesinar la mansedumbre (Ediciones del Grupo de Trabajo Cultural, Quilmes, 1967).

»Tenía, antes de que lo “chupen”, un par de obras en carpeta, que también desaparecieron. Dejó un hijo, Pablo Sánchez, que vive en Madrid. Hoy tendría dos nietas y 64 años.»
[Informe telefónico de Néstor Arias.]

Barracas

                                                                                                      al Negro Pedelhez

Atorranteando, de no saber qué hacer,
tirando piedras, aplastando clavos en la vía del tranway
gomera al cuello,
balero en zurda, por la hora de la siesta.

Todavía guardo los olores...
glicina, corralón, mercado, y cloaca.
La tarde pesada tan cerca del aburrimiento,
lo decía el cadenero en paso de fatiga
y el desierto de la calle al doblar de la chata.
Luego del cabeza (sudor, comentarios y cachadas)
las primeras sombras,
la mansedumbre, el baño, toddy frío, pan con manteca
y otra vez la calle,
ah... la calle...
cómo te ansiaba, cómo me enamoraste
única novia que nunca reprochaba.

El boliche iniciaba a silbarle a los mayores
primer comité de los porteños, huida de la resignación.
Yo compraba un sobre de Caracol
por el despacho de bebidas,
mangaba lupines, escuchaba un “retruco”
miraba las botellas, el estaño, el Gardel.
Cuando salía,
que los cortos se alargaban se me hacía,
que me había comprado un tango se me hacía.
                                                                                           Schhh...