Sea, Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina

La SEA, Sociedad de escritores y escritoras de la Argentina

Feria Internacional del Libro de La Habana, Cuba – 2005


Presentación dePalabra viva

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO, La HABANA, CUBA
4 DE MAYO DE 2005


Es un gran honor que nuestra gremial de escritores haya sido invitada a participar en esta 16 Feria del Libro en La Habana, pero más honor aun es que la editorial cubana José Martí haya editado el libro Palabra Viva, recopilación realizada por la SEA de escritos y biografías de 103 escritoras y escritores detenidos-desaparecidos o víctimas del terrorismo de Estado.


En la disyuntiva de elegir nuestras palabras para acompañar esta presentación, decidimos utilizar las que aprobó en su momento la Comisión Directiva de la SEA.



PALABRAS PARA LA PRESENTACION DE “PALABRA VIVA”
Feria Internacional del Libro. Sala José Hernández. 4 de mayo de 2005


Este libro, Palabra viva, recopilado por la SEA, reúne textos y biografías de escritoras y escritores “desaparecidos” por la dictadura de las Fuerzas Armadas instaurada en la Argentina el 24 de marzo de 1976. Pero los asesinatos, a través de la siniestra Triple A, habían comenzado años antes.


Con esta edición culmina la primera etapa de un trabajo colectivo realizado por la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, la SEA. Es ésta la primera recopilación con voluntad de ser exhaustiva, producto de una investigación, por momentos detectivesca, de casi tres años. Y no es una antología porque incluimos a todos a los que pudimos encontrar, no hicimos ninguna selección. Del primero al último, del más joven, de 17 años, al mayor, de 63, del más conocido al más desconocido, todos tuvieron y tienen para nosotros el mismo valor.


Volvemos a poner en circulación palabras que habían quedado en los agujeros negros de la historia. Palabras de vidas, de amores, de luchas, expresión e historia de compañeros a los que en su mayoría no alcanzamos a conocer, rescatadas del horror para recordarlas y recordarlos siempre.


Una pregunta elemental es: ¿por qué se tardó casi 30 años en tener una idea bastante concreta, con nombres y apellidos, de quiénes fueron las escritoras y los escritores asesinados por la dictadura militar? Porque los escritores no teníamos una organización viva y representativa. La SEA, con tres años de trabajo, saldó esa deuda con nuestros colegas, nuestros compañeros desaparecidos y asesinados.


Pero no sólo memoria y homenaje: también mensaje de resistencia y combate, especialmente dirigido a la juventud que lucha y construye nuestro país.


Lo que unía a estos docentes, estudiantes, periodistas, obreros, psicólogos, abogados, sacerdotes, músicos, actores, conscriptos, sociólogos, empleados públicos, científicos, filósofos, publicistas, amas de casa, desocupados… era también otra pasión: la literatura.


Algunos, muy pocos, de estos 103 escritoras y escritores detenidos-desaparecidos, habían alcanzado en vida el reconocimiento de sus pares y de los lectores. Otros, la mayoría, vieron coartada violentamente su capacidad creativa, y nos privaron de conocerla, de admirarla y gozarla, de aprenderla.


Para esta primera edición, sólo de 71 de ellos pudimos encontrar material, de 32 sólo podemos entregar su biografía. Contamos con que en próximas ediciones, gracias al apoyo de todos, podamos ir completando lo que hoy nos falta. Y eso que llevamos casi tres años en esta tarea, treinta años después.


No es nuestro objetivo trabajar simplemente por la memoria, aunque de hecho lo hagamos; sí es nuestro objetivo que este libro sea una herramienta de toma de conciencia y de lucha para impedir que vuelvan a repetirse hechos como los sufridos desde 1974, y especialmente desde marzo de 1976, y que la indignación que la lectura de Palabra viva nos produzca nos ayude a luchar contra los representantes de la muerte, de la explotación, de la entrega del país.


A estos 103 escritores no los mataron por escribir, los mataron por ser militantes revolucionarios. Más allá de las diferencias tácticas y estratégicas entre ellos, luchaban a favor del pueblo humilde, de los excluidos. Y 30 años después es doloroso comprobar que las causas sociales que impulsaron a esos hombres y mujeres a la lucha son hoy mucho más lacerantes que en su época.


Sin embargo, en los textos de Palabra viva no encontrarán, salvo contadas excepciones, referencias explícitas a esas luchas sociales. En este libro hay poemas que tocan muy diversas temáticas, desde el amor hasta descripciones de naturaleza y de la vida cotidiana, encontrarán cuentos, fragmentos de ensayos, entrevistas, cartas, notas periodísticas. Un amplio repertorio de escrituras.


Junto a escritores consagrados por los lectores y por la crítica, que fueron leídos y respetados en vida, hay una mayoría de destinos truncos, de escrituras que estaban en sus comienzos y que no pudieron desarrollarse porque la barbarie los destruyó.


Quisiéramos que la juventud sea la principal lectora de este libro. Dicen algunas encuestas que los jóvenes no saben bien lo que pasó hace 29 años en la Argentina. Y para saberlo esos jóvenes quizá no lean un libro de historia. Pero en Palabra viva no hay sólo textos literarios de distinta temática e intensidad —lo que hace de su lectura algo agradable—, están también las biografías de esos escritores y las circunstancias de su desaparición. La unión de las biografías con los textos le otorga a este libro una fuerza estremecedora, y quienes lo lean no sólo tendrán el placer estético de la lectura sino también un cuadro sumamente humano de lo que fue la masacre militar. Podríamos decir que, a su modo, es también un libro de nuestra historia reciente.


La sola noticia de la preparación de este libro ha tenido repercusión internacional. Que sirva, también, para hacer frente a toda represión contra el pueblo y sus luchas.


La enorme mayoría de los asesinos está libre. El pueblo los ha juzgado y los considera culpables. Sin embargo, han pasado gobiernos y el resultado es el mismo: siguen en libertad.


La SEA sigue y seguirá pronunciándose por el juicio y castigo a todos los culpables de las desapariciones en nuestro país y por el no a la impunidad.


“Como ejemplo de que los ejecutores del terror siguen vivos y activos,
está la desaparición, hace 4 meses, de Julio López, testigo clave
en el juicio contra uno de los mayores asesinos de la dictadura, el comisario Etchecolatz”.


Comisión Directiva de la SEA
Mayo de 2005