borges_features

El 24 de agosto se celebra el aniversario del nacimiento de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges
Todo lo que hagamos con felicidad los escritores argentinos pertenecerá a la tradición argentina.

No podríamos concebir una literatura argentina sin Borges, como tampoco una poesía estadounidense sin Whitman. Algunos escritores llegan para cortar la madera.

Recuerdo visitar la Librairie Rimbaud en Charleville, ubicada a una cuadra de Place Ducale, y encontrar una gran foto de él ubicada sobre uno de sus estantes. O visitar librerías en Londres o Edimburgo, y siempre encontrar al mismo (y único) autor argentino.

No cuento las cosas como si esto alcanzara para justificar su nombre. Las carreras literarias comienzan y terminan a partir de las amistades que un escritor hace con otros escritores. Borges profesó esta idea, y sospecho que a él le ocurrió lo mismo que a mí con sus grandes maestros.

Lo cierto es que fui a Charleville a buscar otra experiencia o formación, alejada del programa literario promovido por él, así como a Londres o Edimburgo, y otros tantos lugares. Y a decir verdad, perseguía otras lecturas, muy distantes a mi experiencia como lector de Jorges Luis Borges. Era tiempo de tallar la madera cortada.

¿Por qué Ficciones es su libro más reconocido en el extranjero? ¿Por qué no su poesía? ¿Por qué no sus ensayos? Hacen falta estudios de recepción de género de la obra de Borges, estudios de mayor amplitud, con mediaciones más vastas.

Borges tuvo la capacidad de ser argentino, fundamentalmente argentino, y desde Adrogué refutar y leer a los críticos más temidos de Cambridge, como Frank Raymond Leavis. O bien la capacidad comenzar un relato desde los lugares más sórdidos de nuestra ciudad, como Plaza Constitución, para escribir un cuento posteriormente publicado en la eternidad, y que hoy vale tanto como uno de Chesterton o Stevenson. Creo que esto es lo más admirable de su trabajo: el hecho de haberle otorgado a un hemisferio explotado y devastado su paraíso perdido.

Luego de leer toda su obra, y pensar en la omisión de emergencias relevantes para su propia doctrina estética, en sus posteriores clases publicadas de la Universidad de Buenos Aires encontré su específico interés y estudio de las doctrinas de Ezra Pound. De la misma forma, y pese a su clara cercanía a los versos Paul Verlaine, existen anécdotas que evidencian su no “reconocida” admiración por Rimbaud. Nadie podría recitar de memoria El barco ebrio (25 cuartetos en hexámetros) sin realmente haber escuchado de cerca las voces de oro viviente.

Uno de los textos que más admiro de Borges es “Los escritores argentinos y Buenos Aires”, un borrajeo de notas escritas en Adrogué, concebidas sin libros de consulta. Intento lo mismo.

Escribo desde el Borges de la experiencia, desde el “otro” Borges que incluso lo distanció de sí mismo. Al igual que él, todos formamos parte de esa madera.

 

juan arabia_chica
Juan Arabia

Buenos Aires,
17 de agosto de 2017.


 

SOBRE BORGES
“Cada instante es autónomo. Ni la venganza ni el perdón ni las cárceles ni siquiera el olvido pueden modificar el invulnerable pasado. No menos vanos me parecen la esperanza y el miedo, que siempre se refieren a hechos futuros; es decir, a hechos que no nos ocurrirán a nosotros, que somos el minucioso presente. Me dicen que el presente, el specious present de los psicólogos, dura entre unos segundos y una minúscula fracción de segundo; eso dura la historia del universo”, decía en el ensayo “Nueva refutación del tiempo” que integra su libro Otras inquisiciones, editado en 1952.

Atlas

¿Qué era un atlas para nosotros, Borges?

Un pretexto para entretejer en la urdimbre del tiempo nuestros sueños hechos del alma del mundo.

Antes de un viaje, cerrados los ojos, juntas las manos, abríamos al azar el atlas y dejábamos que las yemas de nuestros dedos adivinaran lo imposible: la aspereza de las montañas, la tersura del mar, la mágica protección de las islas. La realidad era un palimpsesto de la literatura, del arte y de los recuerdos de nuestra infancia, tan semejante en su soledad.

Roma será para mí su voz recitando las Elegías de Goethe y Venecia, para usted, lo que yo le transmití un atardecer en San Marcos, escuchando un concierto; París será usted niño, terco, encerrado en un hotel, comiendo chocolate mientras leía a Hugo, su manera de descubrir París; para mí, nuestras lágrimas cuando vi en lo alto de la escalinata del Louvre la Victoria de Samotracia, esa estatua sobre la que mi padre me enseñó la belleza. La belleza era la armonía materializada, era haber logrado lo imposible, detener la brisa del mar en el movimiento de los pliegues de la túnica para la eternidad.

El desierto fue la batalla de Ondurman y Lawrence y la mística del silencio, hasta aquella noche en que junto a las pirámides usted me ofreció un imperio de palabras, modificó el desierto y me reveló que la luna era mi espejo.

El tiempo era cóncavo y protector para nosotros. Entrábamos en él como Odín y Beppo, nuestros gatos, en los canastos y en los armarios, con la misma inocencia y la misma ávida curiosidad para descubrir misterios.

Ahora estoy aquí, forjando un tiempo más allá del tiempo donde usted recorre las constelaciones y aprende el lenguaje del universo, donde usted sabe ya que la poesía, la belleza y el amor son allí, por su intensidad, incandescentes.

Mientras, yo recorro aplicadamente los días, los países, las personas, cada instante que irá acercándome a usted hasta que se cumplan todas esas cosas que son necesarias para que otra vez se junten nuestras manos. Cuando esto suceda seremos otra vez Paolo y Francesca, Hengist y Horsa, Ulrica y Javier Otárola, Borges y María, Próspero y Ariel, definitivamente juntos, sólo luz para la eternidad.

Querido Borges, que la paz y mi amor sean con usted. Hasta entonces.

kodama_borges

María Kodama