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Encuentro de Memoria, Verdad y Justicia

La SEA como todo los años adhiere desde el Encuentro Memoria Verdad y Justicia  adherimos a la marcha el 24 de marzo en repudio al golpe genocida de 1976.

Defendemos la memoria de las rebeldías de nuestro pueblo, comprometidos con la verdad y exigiendo justicia.

Desde los 30.000 desaparecidos hasta las víctimas de gatillo fácil.

Desde la trata de personas a los crímenes del 20 de diciembre, Maximiliano Kosteki, Darío Santillán y Mariano Ferreyra. Desde Paulina Lebbos y Marita Verón hasta Luciano Arruga.

Fuera Milani, apertura de los archivos, derogación de la ley antiterrorista, basta de redes de trata y de gatillo fácil, desprocesamiento de los luchadores.

En esta ocasión no podremos estar presentes como todos los años en la marcha, por razones que escapan a nuestra voluntad desde nuestra casa de los escritores levantamos la palabra de nuestros compañeros desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. Argentina 1974/1983, reunidos en el libro Palabra viva. Y junto con los 30.000 desaparecidos y nuestros colegas decimos: “Presentes, ahora y siempre”

 


 

ALCIRA FIDALGO

Alcira Graciela Fidalgo fue secuestrada el 4 de diciembre de 1977 por
Alfredo Astiz y su grupo de tareas. Tenía 28 años. Desde el día en que
la detienen hasta febrero de 1978 fue vista en la Escuela de Mecánica
de la Armada. Los poemas que se transcriben a continuación pertenecen
al libro Oficio de aurora (Libros de Tierra Firme, 2002; edición de
Reynaldo Castro), que fue posible gracias a los papeles conservados
por la madre de Alcira. Una gran cantidad de sus escritos se encuentran
perdidos: “En algunos casos se debió al miedo; en otros, al descuido
y, lo más trágico, a una temporada en la ESMA”, aclara la nota
preliminar del libro. El título está tomado del último verso de un poema
de Alcira escribió con motivo de la muerte de Ernesto «Che»Guevara.

 

BOCETO
(biografía de soslayo)

Dijo su nombre más hermoso.
Sostuvo largamente
un discurso secreto con su sangre
y se nos escapó.
No está en lo que escribimos
o decimos.
(Rebasando sus límites
hacia la mitad de la vida.)
En el desorden cotidiano,
entre mate y mate
aleteando en la tarde,
nos desgarró.
Nos propuso una isla
de flores encendidas
que se hizo palpable con su muerte.
Enfrentamos la noche
y el viento nos empuja.
Su cara era lo único humano
entre tantos despojos.
(Una última y precaria pureza
se inscribe para siempre.)
Nuestro final será
–de alguna forma–
el encuentro de todos
con su oficio de aurora.

 

MARCELO ARIEL GELMAN
Marcelo Ariel Gelman tenía 20 años –integrante de la Unión de Estudiantes
Secundarios (UES)–; su esposa María Claudia Iruretagoyena,
19; y a su hija/o le faltaban dos meses para nacer, cuando un comando
armado los secuestró el 24 de agosto de 1976. Fueron llevados desnudos
y maniatados al campo de concentración “Orletti” ubicado en
el barrio de Flores, que dependía del general Guillermo Suárez Mason
(Zona 1 de Operaciones del Ejército).
El 14 de octubre del mismo año su cadáver es alojado en un
tambor de 200 litros y arrojado al canal San Fernando. Otras siete personas
secuestradas en el mismo sitio corren igual suerte. Descubiertos
los cuerpos por la Prefectura Naval, son enterrados como N.N. en el
cementerio del lugar.
En septiembre de 1989 se solicita la exhumación de los restos.
Los resultados demuestran que los jóvenes fueron asesinados luego
de ser brutalmente torturados y que la embarazada tenía disparos en
su pelvis producidos a muy corta distancia y que la criatura había nacido.
Los responsables del campo de concentración “Orletti” –militares
argentinos y uruguayos– fueron desprocesados por las leyes de
punto final, obediencia debida y el indulto. El poeta Juan Gelman, padre
de Marcelo, en el contexto de una amplia solidaridad de los intelectuales
de todo el mundo, pudo recuperar a su nieta nacida en cautiverio,
en marzo de 2000.

 

EL ADIÓS

Mortales argentinos,
rápidos como
ese lápiz orgulloso
que tiene algo importante
que decir.
Amigos,
rosas ilustradas.
Hermosas, lindas.
Enemigos,
vetustos,
hambrientos de venganza.
Hoy quiero
decirles adiós.
Me voy.
Quizás hoy.
Quizás mañana.
Pero me voy.
Me despido de este país.
Me despido de mis amigos,
de mis enemigos.
Sólo quiero recordarles
que no dejen de ser mis
Sólo quiero recordarles
que no me olviden
a la marcha del tiempo,
a la marcha del tren
en que me vaya
que borran las huellas de la
amistad lejana

 

CO M I S I ÓN   D I R E C T I V A

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